RENUEVO EL DESEADO OLVIDO DEL PUDOR QUE ME SOBRA PARA CONTAR LAS MAÑANAS QUE HASTA AHORA LLEVO GUARDADAS. DE NO SER ASÍ, NO EXISTIRÍAN NI EN LOS CAJONES.


domingo, 25 de octubre de 2009

OCHO HORAS

En la tarde y en tus manos
una esencia
incesante y callada
mueve entrañas dormidas
en desvanes marrones
por años cerrados.

En los campos de trigo
te sitúo,
mientras el vino cala.
Turbios, ganamos altura
amarrados por los ojos
que van atando cuerpos.

Y eso está bien-dices-
cuando hablamos de los días de trabajo,
entre gente que lleva
vidas normales.

De los días lejanos
nada sabemos.
Hay razones para olvidos
y escaso tiempo presente
para llenar de perfume
la tinaja.

Porque aves hermosas
sobrevuelan
y, apenas cruzan el espacio,
en el final del oeste
tu callada presencia
anuncian.

Y eso está bien-dices-
como eterna letanía religiosa,
entre gente que lleva
vidas normales.

Por el azul secreto baja
una noche
que suena fantasías,
y tu cuerpo va rimando
músicas antiguas
al compás.

Y en el umbral del hechizo
la salida
abre huecos excesivos,
y en el frío camino
los ecos nos devuelven
la esencia.

Y eso está bien-dices-
a miles de momentos de allí,
entre gente que lleva
vidas normales.
INCREMENTO

Hay en mí una irrefrenable necesidad de ti
que quita límites a mi vida.
Sigues aquí,
de mi mano cogida,
para hacerme entender los días
y cuantos momentos ignoré,
confusos de pasado.
Aún tu ropa blanca incrementa mi espíritu.
MAÑANA CON NUBES EJEMPLARES

Aunque esta mañana los cielos decidieron alabarte
mucho antes de haberme traído, así,
sin supuestos ni trompetas,
tu tacto más reservado,
aún los poetas no han acabado
de enseñarme cómo he de quererte
para hilvanar con justicia
el amor que te vista.
INICIO DE BIZANCIO

Este es el final de un lugar conocido.

Aquí es donde Bizancio nos elige, y es aquí donde se inicia
la luz pulida que el agua engarza con miles de acordes,
todos ellos dulces, sin excepción.

Venecia nos ha preferido así,
igual de ilimitados y evanescentes que los colores que viste.
Nada pueden la herrumbre de los buques,
la desteñida vejez de los lienzos palaciegos,
el rumor de verdes que posan de mil maneras;
nada que hacer ante el velo tibio de la luz fricativa,
tersa.

Como abducidos, nos hemos rendido a ella
no por dictado, ni por mercadería de folletos.
Es por un matiz expandido, cúmulo de tiempo
que superpone bajeles, togas, sosiego;
es por el incesante trasiego a lugares más allá,
donde hay telas y frutos y ruinas cariadas
en los arcanos.

Se hace inerte el reloj, no manda en los ojos,
también vidriados, que por fin admiten
lo poco que importa medir
si la mesura de los arcos y las cúpulas
niegan el rigor matemático.

Aquí queremos memorar los días.
Para eso las venas de este lugar se han hecho,
para celebrar a saco el correr
de la vida que inventamos, delante y detrás,
según el criterio más misterioso.
Queremos ser nosotros la flama
o el deseo de un enero por las venas de Venecia.
PRIMERA CALIDAD


También el hogar se nutre de frío
y del matiz sedoso de la lluvia lenta,
barniz consonante que cubre la escena
de una calle en la ciudad encontrada.
No están a la venta estas calidades.
No existe tan sabio astrólogo
ni estudio tan cierto que sepan
la química, o los ángulos,
de los colores bien alterados.
No se ha descrito bien la casualidad
de habitar Cuenca en diciembre
(ya cumplida la medianoche)
a la hora exacta de la seducción,
cuando esperabas estar en el sur
tomando vasos de vil alcohol
sin más esperanza que el sueño.
TOUTES DIRECTIONS


Por unos días viví el exilio
pagando peajes en el sur de Francia.
Para ajustarme el alma me dí al coche
de esa manera insana y exquisita
que sólo el desamor prepara al caído.
Sin darme cuenta amanecí en la frontera
con escaso ánimo de lograr final.
Tenía parado el reloj a la vida;
llevaba la experiencia agria, ajada,
negada al futuro.
Simplemente estaba muerto
para ser.

Quise entonces probar un poco de antítesis:
mirar la mercancía al viento de los deportivos,
preciosos, rojos algunos, bellos por veloces.
Llegué a entrever el ocio en los árboles
y otras biografías en las piscinas;
y en el brillo del mar escruté
los cegados placeres flotantes
que guardaban lo vedado.

En las calles de Saint Tropez,
con el murmullo húmedo de la gente,
se fue algo de pena al aire.
La calima volvió blando mi cuerpo
y casi rehízo mi alma mermada
sin que nadie llegara a la leve sospecha
de la horma que por meses
había dejado inútil mi seno.

Me dí al tiempo baldío y al lugar ajeno
para saldar los daños de incautos destinos,
pagados con francos que siempre decían
que ese era el camino: toutes directions.

sábado, 17 de octubre de 2009

NOVIEMBRE

Al despertar Noviembre el cielo se entretiene
en la incontable maraña de agua futura.
Azules avanzan y funden grises
con suaves hebras de rosa palo;
ocupan la vida horizontes húmedos
que para mi alma despiertan siempre
en estos días de entusiasmo.
Cuando la vid duerme desnuda
exalto la vida del terrón mojado,
el ocre cálido en el frío exterior,
apaisado, eterno de esperanza
para amar lo que dentro aguarda,
para creer en dioses que no están...
Para sentir cuarenta y un años
en las manos y en los ojos de mi hijo,
heredero, si quiere, de un vasto imperio
de treinta días naturales.