OCHO HORAS
En la tarde y en tus manos
una esencia
incesante y callada
mueve entrañas dormidas
en desvanes marrones
por años cerrados.
En los campos de trigo
te sitúo,
mientras el vino cala.
Turbios, ganamos altura
amarrados por los ojos
que van atando cuerpos.
Y eso está bien-dices-
cuando hablamos de los días de trabajo,
entre gente que lleva
vidas normales.
De los días lejanos
nada sabemos.
Hay razones para olvidos
y escaso tiempo presente
para llenar de perfume
la tinaja.
Porque aves hermosas
sobrevuelan
y, apenas cruzan el espacio,
en el final del oeste
tu callada presencia
anuncian.
Y eso está bien-dices-
como eterna letanía religiosa,
entre gente que lleva
vidas normales.
Por el azul secreto baja
una noche
que suena fantasías,
y tu cuerpo va rimando
músicas antiguas
al compás.
Y en el umbral del hechizo
la salida
abre huecos excesivos,
y en el frío camino
los ecos nos devuelven
la esencia.
Y eso está bien-dices-
a miles de momentos de allí,
entre gente que lleva
vidas normales.
domingo, 25 de octubre de 2009
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