NOSOTROS
Nosotros, que somos los otros,
los que allá quisimos ser ellos
en una vieja y soñada Tracia,
somos ahora herederos lejanos
de amables maneras que venían de antiguo,
y aquí estamos, en estos lugares inhóspitos.
Nosotros, mansos de pleitos nocturnos,
a veces, en el silencio estelar,
sabíamos el amor y el deseo
al dulce son de William Shakespeare;
nosotros, los de allí, de allí nos fuimos,
sin rencor desterrados.
Y aquí vivimos en colonias sin patria.
Sin amo llegamos a estos dominios,
sin guía ni trozo alguno de pan
para el sustento y el ánimo
del mismo corazón que nos latía
en el espacio de los veinte años.
Arrasaron todo aquellos próceres
a golpe de monedas estrelladas
en carteles callejeros.
Las promesas se alejaron de los libros
y no tuvieron en cuenta las alboradas,
los cálidos veranos, las palabras de mañana
cuando rozan las cinco horas de la madrugada
(sentencias redichas al vino de la verdad
que a la verdad del vino hacían feliz
con sólo imaginar las arcas
llenas de igualdad).
Los otros, que somos nosotros,
llenamos las copas a horas distintas
para celebrar a Platón
en pisos de noventa metros.
Sólo él puede explicar
la mortífera miel del mercader.
martes, 13 de octubre de 2009
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