RENUEVO EL DESEADO OLVIDO DEL PUDOR QUE ME SOBRA PARA CONTAR LAS MAÑANAS QUE HASTA AHORA LLEVO GUARDADAS. DE NO SER ASÍ, NO EXISTIRÍAN NI EN LOS CAJONES.


martes, 13 de octubre de 2009

NOSOTROS

Nosotros, que somos los otros,
los que allá quisimos ser ellos
en una vieja y soñada Tracia,
somos ahora herederos lejanos
de amables maneras que venían de antiguo,
y aquí estamos, en estos lugares inhóspitos.
Nosotros, mansos de pleitos nocturnos,
a veces, en el silencio estelar,
sabíamos el amor y el deseo
al dulce son de William Shakespeare;
nosotros, los de allí, de allí nos fuimos,
sin rencor desterrados.
Y aquí vivimos en colonias sin patria.

Sin amo llegamos a estos dominios,
sin guía ni trozo alguno de pan
para el sustento y el ánimo
del mismo corazón que nos latía
en el espacio de los veinte años.
Arrasaron todo aquellos próceres
a golpe de monedas estrelladas
en carteles callejeros.
Las promesas se alejaron de los libros
y no tuvieron en cuenta las alboradas,
los cálidos veranos, las palabras de mañana
cuando rozan las cinco horas de la madrugada
(sentencias redichas al vino de la verdad
que a la verdad del vino hacían feliz
con sólo imaginar las arcas
llenas de igualdad).

Los otros, que somos nosotros,
llenamos las copas a horas distintas
para celebrar a Platón
en pisos de noventa metros.
Sólo él puede explicar
la mortífera miel del mercader.

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