RENUEVO EL DESEADO OLVIDO DEL PUDOR QUE ME SOBRA PARA CONTAR LAS MAÑANAS QUE HASTA AHORA LLEVO GUARDADAS. DE NO SER ASÍ, NO EXISTIRÍAN NI EN LOS CAJONES.


domingo, 25 de octubre de 2009

INICIO DE BIZANCIO

Este es el final de un lugar conocido.

Aquí es donde Bizancio nos elige, y es aquí donde se inicia
la luz pulida que el agua engarza con miles de acordes,
todos ellos dulces, sin excepción.

Venecia nos ha preferido así,
igual de ilimitados y evanescentes que los colores que viste.
Nada pueden la herrumbre de los buques,
la desteñida vejez de los lienzos palaciegos,
el rumor de verdes que posan de mil maneras;
nada que hacer ante el velo tibio de la luz fricativa,
tersa.

Como abducidos, nos hemos rendido a ella
no por dictado, ni por mercadería de folletos.
Es por un matiz expandido, cúmulo de tiempo
que superpone bajeles, togas, sosiego;
es por el incesante trasiego a lugares más allá,
donde hay telas y frutos y ruinas cariadas
en los arcanos.

Se hace inerte el reloj, no manda en los ojos,
también vidriados, que por fin admiten
lo poco que importa medir
si la mesura de los arcos y las cúpulas
niegan el rigor matemático.

Aquí queremos memorar los días.
Para eso las venas de este lugar se han hecho,
para celebrar a saco el correr
de la vida que inventamos, delante y detrás,
según el criterio más misterioso.
Queremos ser nosotros la flama
o el deseo de un enero por las venas de Venecia.

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