RENUEVO EL DESEADO OLVIDO DEL PUDOR QUE ME SOBRA PARA CONTAR LAS MAÑANAS QUE HASTA AHORA LLEVO GUARDADAS. DE NO SER ASÍ, NO EXISTIRÍAN NI EN LOS CAJONES.


domingo, 25 de octubre de 2009

TOUTES DIRECTIONS


Por unos días viví el exilio
pagando peajes en el sur de Francia.
Para ajustarme el alma me dí al coche
de esa manera insana y exquisita
que sólo el desamor prepara al caído.
Sin darme cuenta amanecí en la frontera
con escaso ánimo de lograr final.
Tenía parado el reloj a la vida;
llevaba la experiencia agria, ajada,
negada al futuro.
Simplemente estaba muerto
para ser.

Quise entonces probar un poco de antítesis:
mirar la mercancía al viento de los deportivos,
preciosos, rojos algunos, bellos por veloces.
Llegué a entrever el ocio en los árboles
y otras biografías en las piscinas;
y en el brillo del mar escruté
los cegados placeres flotantes
que guardaban lo vedado.

En las calles de Saint Tropez,
con el murmullo húmedo de la gente,
se fue algo de pena al aire.
La calima volvió blando mi cuerpo
y casi rehízo mi alma mermada
sin que nadie llegara a la leve sospecha
de la horma que por meses
había dejado inútil mi seno.

Me dí al tiempo baldío y al lugar ajeno
para saldar los daños de incautos destinos,
pagados con francos que siempre decían
que ese era el camino: toutes directions.

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